El cristal roto

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Controlar al gigante.

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Un ejemplo de lo peligrosas que pueden ser las decisiones tomadas en base a conceptos equivocados, tal como se explica aquí, es lo que Carlos Alfonso escribe a raiz de la noticia en The Inquirer de que Microsoft piensa demandar a Google por monopolista:

No deja de ser curioso que una empresa con los antecedentes en casos de monopolio de Microsoft sea ahora tan puntillosa, sin embargo el control a un Gigante como Google es importante (en especial por el poder que ha adquirido). La competencia siempre es buena y la rivalidad entre empresas y el respeto a las reglas de juego también.

Independientemente de que Microsoft tenga o no tanto derecho como la UE a ser puntillosa, nos preguntamos qué oscuros motivos despiertan en nosotros el deseo de controlar a empresas que, por dar a los usuarios lo que estos demandan, crecen hasta el tamaño de un gigante. ¿Qué tiene eso de perjudicial para el consumidor?

Google o Microsoft ofrecen productos y servicios y los consumidores son libres de tomarlos o dejarlos. ¿Dónde está el irresistible poder de estas gigantescas corporaciones que un día se sientan en el banquillo acusadas de monopolistas cuando gozan del favor del público y al siguiente acusan a las demás de los mismos cargos cuando ya no gozan de él?

La competencia es buena, claro que sí. Lo es porque permite que los empresarios puedan ofrecer a los consumidores sus productos sin traba alguna y puedan crecer si lo hacen excepcionalmente bien. ¿Quién ha roto aquí las reglas del juego?

Obviamente, son estas opiniones, originadas por un concepto equivocado de lo que es la competencia, las que los políticos se encargan de dar forma obligando a Microsoft, por ejemplo, a distribuir un sistema operativo sin Media Player, que era gratuito. Todo por el bien de los consumidores, claro.

Escrito por jlhm

5 Septiembre 2008 a 10:02

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