Zapatero: “No voy a pedir disculpas por haber buscado la paz y el final del terrorismo”
Dice George Sorel que hay un tipo de hombre que prefiere lograr sus objetivos a través de la lucha más que por la negociación y el compromiso; un tipo de hombre para quien la negociación y el compromiso son atributos detestables.
Hitler, en Mein Kampf, explica de forma clara que los partidos democráticos, al carecer de doctrina, puden establecer compromisos, pero los partidos o grupos que respondan a una filosofía total no pueden admitir el espíritu de compromiso, aplicando de manera integral su voluntad. De ahí resulta que, cuando los hombres de la democracia establecen compromisos en política exterior con los sistemas totalitarios, corren el riesgo de no comprender que el compromiso, para sus interlocutores, no es una solución definitiva, sino sólo una etapa en miras de una reivindicación suplementaria. Las democracias, al tener que litigar con regímenes completamente diferentes, no pueden realizar una buena política exterior, pues sus contrarios no respetan las reglas del juego. Esto ha sucedido siempre, en especial en el mundo actual, donde las reglas del juego entre los dos sistemas no son iguales.
(Raymond Aron)
No sólo no se debe negociar con aquellos que utilizan la violencia sino que tal precepto debería alcanzar a los que no respetan las reglas del juego porque aquella, la violencia, no es más que uno de los muchos recursos que tienen los totalitarios. Es el árbol que no nos deja ver el bosque.
¿Negociar? Ni con Hitler, ni con Sadam Hussein, ni con ETA; pero tampoco con PNV, EA, PSC, CiU, ERC o IC, todos ellos con proyectos totalitaristas entre las manos, todos utilizando la violencia en diverso grado, los unos justificándola y los otros condenándola con la boca pequeña mientras se aprovechan de ella aprobando leyes que limitan la libertad de los ciudadanos; ni con los de las invasiones y campos de concentración, ni con los del tiro en la nuca, ni con con los de los “estatuts” ni con los del “derecho a decidir”. Simplemente son peldaños que les permitirían escalar hasta la cima donde su proyecto tomaría forma. Fuera de los límites donde imperan las reglas del juego no hay negociación posible con ninguno de ellos y así de claro lo dejó Hayek en “Camino de servidumbre”.
A la situación a la que se llega tras haber cedido ante el terrorista y por lo que éste deja de matar, no se le llama paz, ni “fin del terrorismo” porque todos sabríamos que en cualquier momento en que tuvieran un antojo tratarían de conseguirlo con la violencia. Ya le salió bien una vez demostrándonos que el derecho a la vida no viene con el ser humano sino que se trata de un privilegio concedido por los etarras. Ya no hay reglas del juego y todos podemos conseguir nuestros objetivos con los mismos métodos que los violentos porque siempre encontraremos un príncipe de la paz que sancione nuestros métodos negociando con nosotros.
La paz consiste en la disciplina que nos imponemos todos, incluyendo los etarras, para someternos a unas reglas del juego que permiten la convivencia, que a unos les gustarán más y a otros menos, pero con las que podemos llevar a cabo nuestros proyectos vitales sin la intromisión de otros.
Suso, por favor, trasmíte este mensaje al Mesías Z, nuestro redentor, ya que sólo a ti te hará caso.
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