Posteado por: Pepelu | 1 Febrero, 2006

La desvergüenza de los estómagos agradecidos.

No había escrito nada sobre los papeles del archivo de Salamanca. Llevaba un tiempo sin escibir sobre nada. Casi tanto como tiempo llevaba sin leer La Vanguardia. Había conseguido cierta estabilidad desintoxicándome de noticias y blogs hasta que vuelvo a encontrarme a Francesc Marc �lvaro, un auténtico estómago agradecido que pretende arreglar con aires ilustrados lo que sus dueños liquidan con exabruptos.

En LA VANGUARDIA DIGITAL - ‘Papeles’

‘Papeles’

FRANCESC-MARC Ã?LVARO - 01/02/2006
Los llamados papeles de Salamanca ya están aquí. Bien está lo que bien acaba, aunque han sobrado sinsabores, insultos y malentendidos. También queda una cierta sensación de que gastamos demasiadas fuerzas, recursos y afanes en asuntos que deberían resolverse con mayor facilidad y fluidez. Con todo, lo importante es la lección que regala este largo episodio. En este sentido, pienso que erraríamos completamente si consideráramos el regreso de los documentos de la Generalitat sólo en clave catalana. Porque el simbolismo de este retorno va mucho más allá.

Es toda la democracia española la que, de algún modo, se hace justicia a sí misma al cerrar una página negra enmarcada en la victoria militar de Franco y su botín de guerra. Todo ciudadano español demócrata debería sentir como algo propio esta restitución documental. No se trata de una victoria de los catalanes, es un paso sereno y necesario que la democracia española hace para ensanchar su legitimación cívica. Con esta medida, crece la cultura democrática que debe asegurar, más allá y más acá de las instituciones, que no hay marcha atrás y que nunca volverá el tiempo de la sinrazón. Por mucho que un viejo militar golpista (al que me abstengo de calificar, ya que no escribo desde Manhattan) goce del derecho de expresar su opinión libremente; es la grandeza y la fortaleza de la sociedad abierta permitir que sus enemigos tengan espacio en ella para contravenir sus valores.

Los hechos también forjan la mentalidad colectiva. Estos documentos, que fueron incautados en tiempos de odio y represión, han pasado, por fin, del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca al Arxiu Nacional de Catalunya. Las nuevas generaciones de españoles pueden y deben comprender que gestos de este tipo refuerzan la convivencia y conjuran las antiguas violencias que padecieron nuestros padres y abuelos. Ya que no hubo verdadera reconciliación en 1978, no está de más que, de manera tranquila, algunas cosas vuelvan a su lugar. Sin revanchismos. Entre los que son partidarios de abrir todas las fosas de la represión y los que son partidarios de seguir callando, hay un camino del medio que habrá que recorrer. Encontrar este punto de justicia es necesario. Y -repito- no lo es únicamente para los catalanes, sino para todos.

La devolución de los papeles de Salamanca no es una noticia de la agenda autonómica, aunque lo parezca. Aunque coincida con el proceso de pacto del nuevo Estatut. Estamos ante un acontecimiento de interés para la buena salud del sistema de libertades. A la postre, los papeles ya están aquí y no ha pasado nada. La ciudadanía es mucho más madura y responsable que los voceros de la catástrofe.

Botín de guerra, restitución… Imposible desde el momento en que la Generalidad era (y es) parte del estado español y sus competencias emanaban de las cortes españolas. No tratemos de darle legitimidad a lo ilegítimo atribuyendo a la ‘devolución’ un crecimiento de la ‘cultura democrática’, una ‘legitimación cívica de la democracia española’, la ‘grandeza y fortaleza de la sociedad abierta’, que si ‘refuerzan la convivencia’ o que si ‘conjuran antiguas violencias’, porque precisamento todo eso ya lo teníamos antes de la reclamación de los nacionalistas de dichos papeles y romper la unidad de archivo.

La sociedad abierta, dice. Precisamente la sociedad abierta es lo que se echa de menos en la Cataluña sometida a la superstición y a las fuerzas mágicas de la nación que camina hacia una nueva organización tribal. Y hemos dado un paso más.

Todo ese fraserío pomposo que sirve de relleno a Francesc-Marc �lvaro se queda en lo que es cuando acertamos a ver que, en realidad, es de un solo sentido porque para el nacionalismo identitario totalitarista nada de lo dicho y menos de lo hecho es de aplicación para el Archivo de la Corona de Aragón ni para el patrimonio artístico que se ha apropiado indebidamente la diócesis leridana. Todo es lícito si sirve a los intereses de los muñidores de naciones.

Dice que los documentos fueron incautados en tiempo de odio y represión. Olvida que también fueron generados en tiempos de odio y represion. Ni el odio y represión anteriores ni los posteriores justifican ningún cambio pues en todas las guerras hay odio y represión. Por otro lado, de un hecho como ese nunca se desprende una obligación moral. Es necesaria su demostración por otras vías que �lvaro pasa por alto por razones obvias.

Hallazgo: “no hubo verdadera reconciliación en 1978″. ¿Puede probar Ã?lvaro que tras la tercera y última guerra carlista hubo reconciliciación? La aparición de los nacionalismos catalán y vasco en zonas de Cataluña y Vascongadas profundamente carlistas, de ideas ultraconservadoras, fe ultracatólica, antiliberales a muerte, resentidos por la pérdida de privilegios y fervorosos partidarios de la sociedad estamental prueba que nunca hubo reconciliación. ¿Volvemos a aquellos tiempos? ¿A qué hemos de renunciar todos aquellos que no creemos en la fe nacionalista para que Francesc Marc Ã?lvaro y los que son como él se reconcilien con su vesícula biliar por, digamos, unos meses hasta que vuelvan a la carga con otra impertiencia nacionalista?

‘Buena salud para el sistema de libertades’… ¡Qué demonios tendrá que ver!… El cumplimiento de las tres sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que obliga a la Generalidad a dar opción a los padres para la educación de sus hijos en castellano sería una buena noticia para el sistema de libertades, no el traslado clandestino de papeles de un archivo general a uno local.

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